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Inspirado por la historia de Roberto Baggio...

 


Una película que me dejó las siguientes reflexiones:

Concentrarse en un objetivo preciso, visualizarlo y ponerle toda la energía. 
Encontrar en la espiritualidad la fuerza para seguir adelante. 
No todo lo que te da el mundo te hace feliz. 
No estar en la posición que nos corresponde, nos hace sentirnos excluidos en el sistema.  
Acompañarse de los afectos.
El valor de una promesa.
Las cicatrices y los trofeos nos recuerdan nuestra historia.  
La importancia del amor y los valores. 
Mostrarnos humanos, con triunfos y fracasos. 
Aunque sea por un minuto volver a jugar, se puede cambiar la historia. 
Donde terminan mis capacidades, ahí es que comienza la fe.
Un padre hace lo que puede y sabe hacer. 
Los talentos necesitan un objetivo.
“Una fe fuerte ve lo invisible, cree lo increíble y recibe lo imposible”.
Tener un propósito superior que me sostenga en el camino. 
La vida es un partido. 
El acto de amor de un hijo para ser mirado y reconocido por su papá.
Decir gracias, gracias… 
Dejar huella en las personas y hacerlos sentir bien. 
Abrazar el amor de las personas y su reconocimiento, aún cuando el resultado no sea igual al soñado.
El dolor también hace salir un abrazo desde el corazón. 

Por cierto, Baggio y yo el 01 de enero de 1988 estábamos en la misma región en Italia, cada uno insistiendo en su sueño. 

Recuerdo ese mundial y la tristeza al ver perder a Italia. 

Gracias Baggio, por mostrarme en tu historia el coraje y la pasión.

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